PROYECTO DE REAL DECRETO SOBRE
LOS APARATOS ELÉCTRICOS Y ELECTRÓNICOS Y SUS RESIDUOS 30 de julio de 2014.
La primera regulación que se
aprobó en la Unión Europea para el flujo de residuos de aparatos eléctricos y
electrónicos fue la Directiva 2002/96/CE, del Parlamento Europeo y el Consejo,
de 27 de enero de 2003, sobre residuos de aparatos eléctricos y electrónicos
(en adelante “RAEE”). Esta norma sentaba las bases de un modelo de gestión que
por primera vez planteaba la necesidad de diseñar aparatos más eficientes y
menos contaminantes, que fueren más fáciles de tratar cuando se convirtieran en
residuos (que se estropeen, cambiar por otro, etc.), y que aplicaba el principio de la responsabilidad ampliada del
productor (fabricantes) de los aparatos eléctricos y electrónicos (en adelante
AEE), como sujeto responsable de los costes que derivan de la gestión de los
residuos procedentes de estos aparatos, que es gestionado por fundaciones (que estas a la vez contratan a empresas privadas para que realicen la gestión) que
reciben dinero de los fabricantes, para el correcto tratamiento de estos. No obstante, los residuos
procedentes de los aparatos eléctricos y electrónicos ha continuado
incrementándose, los ciclos de innovación son cada vez más breves y la
sustitución de los aparatos se acelera, convirtiendo los AEE en una fuente
creciente de residuos. La gestión de estos residuos requiere intensificar las
medidas y esfuerzos de todos los Estados miembros de la Unión Europea dado que
los componentes peligrosos que los AEE contienen siguen constituyendo un problema
importante durante la fase de gestión de los residuos (ya que muchas de las
empresas que gestionan para las fundaciones, carecen de conciencia medio
ambiental y desvalijan los AEE sin conocimiento del daño ambiental que
ocasionan) y, en algunos casos, el grado de reciclado es insuficiente. A esta
situación se une una importante salida (a través de las ventas que estas
empresas gestoras hacen, con países en vía de desarrollo) de RAEE fuera de la
Unión de manera no controlada, lo que provoca que se desconozca cómo se gestionan
finalmente estos residuos así como la pérdida de componentes (ya que los
componentes más apetitosos los desmontan del AEE, para venderlos a personas
ambiciosas) con un valor económico significativo.
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